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Bolívar observa

Reaccioné inmediatamente, ante una imagen que genera alegría o tristeza. El ritmo parpadeó en el teclado. Bolívar observa que la plaza no está bella…, al verla; sufre, porque no está radiante; lo veo afligido.

Foto: Archivo Web

La luz también puede generar emociones oscuras.

La plaza Bolívar de Carora es la que despide todas las mañanas al pueblo de la otra banda, como también a la música de nuestras aves. Observa con rabia la burla, la falta de respeto de los políticos que caminan de espalda. Mofándose sin mediación. Ve caminar la asquerosidad humana, no en los residuos que botan sus visitantes, sino en la trampa de hombres que desfilan en el poder.

Nuestros gobernantes seguirán sin entender mi postura, pero no puedo traicionar mi ética profesional.

Es comprender el legado de la humanidad, y no burlarse de la vida de los hombres y mujeres que diariamente claman por la cordura gubernamental. Por el contrario, y sin ocultar sus pretensiones actorales, que hoy hablan sin prejuicios y accionan desde la ponderación para sentirse, radiantes, dolosos, perfumados y “emperifollados” en la despedida física de un ser que, seguro estoy, hubiese preferido acuerdos para la paz de su gente que consensos para la celebración de su muerte.

Ojalá los venezolanos aprendamos de esta novela de terror, para evitar la burla y sacar del forro la guitarra que dispara crítica y exige respeto.

Escrito por Jhon A. Romero.-

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