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Suspiro de dolor

Se difuminan las esperanzas de lo cotidiano, es desabrida y tiene muchos obstáculos. El venezolano está triste, producto de un diálogo que trajo y se llevó la alegría, las motivaciones y sumándole a esto; la culpa y la rabia.

En Venezuela no se tiene plazos, la comunicación se ha convertido en desinformación, la misma que tiene rostro de mentira. La política no tiene ciencia, la dictadura con sus crímenes y sus injusticias. Los jóvenes del país huyen con tristezas, desarticulados y pobres. De esos, miles sin ganas de volver.

Los jóvenes del año 2000, se vienen formando en un sistema con graves índices de calidad educativa, cuyos ingresos no les alcanza para comer, el trabajo no compensa sus valoraciones, la pobreza impacta más que cualquier grupo etario, no adquieren bienes básicos, y lo peor; son los que más mueren y matan en el mundo de la delincuencia. Los jóvenes de ahora les cuesta pensar en una familia, por miedo, culpas, e incertidumbre.

Yo sigo teniendo esperanza, lo digo con lágrimas en mis ojos. Me siento y tomo café, viendo el horizonte, cuando suspiro una despedida del amor de mi vida que se va al extranjero. En voz baja digo una vez más: ‘¿por qué a mí, por qué en mi generación y no en otros tiempos?’.

Foto: Archivo Web

Hoy abrazo la soledad, hablo con el silencio, y no tuve respuesta de él.

Escrito por Jhon A. Romero.-

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