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¿Hasta cuándo durará nuestras esperanzas?

Foto: Archivo Web

Rechazada la propuesta de España. Otro revés internacional contra el régimen de Nicolás Maduro. No hay posibilidad de diálogo.

Anoche durante el mega apagón, en el que duramos más se doce horas sin el servicio eléctrico, suspendieron los juegos de béisbol venezolano. ¡Me alegro! Porque eso es para que vean, que otro uso se le pudo haber dado a la millonada de dólares que le dieron a la Liga Venezolana del Béisbol Profesional; por ejemplo, invertirlos en reparar parte del destruido sistema eléctrico nacional.

De todo esto, reflexiono viendo como las puertas se le cierran al tirano, y a la vez veo las manos que se parten, y las miradas que se apagan, y se prenden para seguir remando.

El pueblo venezolano come poco. Los días se viven de nostalgia, y a su vez nos aferramos al entendimiento, al hecho de saber que todo puede cambiar. Nuestras almas están atadas a la esperanza, pero no sabemos hasta cuándo.

Nuestros buenos días se escalan en un caminar de 50 cuadras para llegar a nuestro destino, valiendo el esfuerzo por solo sentir ese aire de fe, comerse una sopa, una taza de café o simplemente huir del llanto de sus hermanos.

El pueblo venezolano pierde aceleradamente kilos y vida. Logran comer máximo dos veces al día, y todavía sacan fuerzas para reír.

Veo desde la ventana al vecino, que ayer comió solo el almuerzo, y me pregunto si podrá comer hoy. Recuerdo a la señora que ayer se dio una caída, no sé si conseguiría las medicinas. Me cuestiono, si en sus zapatos yo hubiese podido resistir.

Escrito por Jhon A. Romero.-

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