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El cielo en Venezuela y su sostén

Foto: Archivo Web

Juan es trabajador en una bomba gasolinera, y un padre ejemplar. Esposo abnegado; y tiene 25 años enseñando basquetbol y valores a los jóvenes del barrio. Él antes de comenzar la práctica diaria, reza un Padre Nuestro, y le cuenta a cada uno de los niños que acuden a su clase; algunas moralejas sobre la vida bonita, la vida posible.

Luzvelly, es maestra de esas que enseñan como una madre. Ella duerme en una urbanización, pero vive en el barrio. Tiene 25 años dirigiendo una institución de niños y jóvenes víctimas del terror; que son forjados a la fuerza; en los legados del horror. Sin embargo, ella sonríe cuando le pregunto el porqué. Me mira a los ojos y en silencio responde: “Tú también lo sabes”.

Juan es un viejo amigo, me invita a jugar Basquetbol, y con ojos aguarapados me cuenta que sus hijos de 20, 22 y 28 años se fueron del país, pero que mientras vuelven debemos seguir jugando a hacer país. “Jhon, no se vale tirar la toalla. Es un cinco contra cinco; tenemos chance hasta el último tiempo”.

Saben, ninguno cree en el ahorro en Petro, ni en las medidas económicas del tirano Nicolás Maduro. Ellos no supieron de la tarjeta que se raspó en el punto de venta, ni en cuanto está el dólar. Sus trabajos son sin vicios ni atajos, es real. Tienen horarios, salarios y productos. Tienen jornadas, pero no tienen tiempo. Sus días continúan; él en la bomba gasolinera y en la cancha. Ella en la escuela y en el hogar. Porque el “cristiano descansa cuando muere”, y porque Venezuela los necesita.

 

Escrito por Jhon A. Romero.-

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