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Historias que existen

¿Los has visto despertar de una acera?

Foto: Archivo Web

Sus ojos en la suciedad se despegan de una nación que está atomizada. Caminan con su artrosis en la fila indigna de la esclavitud. Les duele mucho sus rodillas, pero no lo dicen, su quejido termina en otra arruga. La espera; se convierten en tres días sin comer.

La tragedia de los discursos vacíos es el hambre de un sistema asesino. Son los gritos e improperios que continúan arrastrando vidas. Los niños muertos por desnutrición en un hospital inmundo, jóvenes exitosos exilados, ancianos que se sacrifican en una terminante fila; harapientos, sin bañarse porque sanearse es un lujo. La Venezuela del chavismo, del madurismo y del militarismo, es la Venezuela de la dictadura hambrienta, de sangre y de miedo.

¿Qué futuro nos espera? ¿Acaso el que huye lo hace por moda, o por cobardía? Insistimos en decir; “basta de injusticias”.

El abuelo huye de esa imagen donde el rostro insiste en callar, porque entiende que su vida es más corta, e insiste en mentir para que su nieto no llore. Que persevera, en cada paso minúsculo que da, aguantando el dolor infernal.

El abuelo ha dicho en muchos años que “el trabajo dignifica”. Por eso él, pese a la oposición de sus hijos, decide irse a la cola del banco una noche antes. Donde espera hasta dieciséis horas para obtener el equivalente de un kilo de papas. Durmiendo en la acera con cartón y una sábana vieja. El abuelo nunca trabajó tanto, y por menos. Nunca se sintió peor. La vida parece haber dado un giro inexplicable. Poco entiende de lo que pasa. Así como votó por Carlos Andrés Pérez lo hizo por Hugo Chávez, esperanzado en un gobierno para los más marginados. En estos días de oscuridad no le quedan dudas de cuál ha sido la desgracia política más grande que le ha tocado vivir.

Escrito por Jhon A. Romero.-

 

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