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Llamada de despedida

Foto: Archivo Web

Suena el celular, lo revisas; y es la llamada de un futuro encuentro. Al colgar sientes la vacuidad del adiós. En el momento donde el silencio sirve de cómplice a la inquietud, al desaliento, al llanto que se naturaliza. No se trata de la exageración de Daniel, ni la gracia de Juan Pablo. Es una llamada de despedida.

La desmemoria cuando golpea, nos retrotrae a la razón. Los olvidos pierden sus huecos y sombras. Las decisiones de querer partir se hacen más consciente de sus porqués; recuerda que es una huida, un adiós de culpables y victimarios, en el marco de una nación ensangrentada. Un pueblo que tiene a un gobierno como enemigo. Un pueblo que tiene nuevos nietos sin trompos, sin papagayos, sin metras, y sin compinches. Que tiene nuevos hijos con sentimiento de país hacinado.

Las contradicciones del migrante en un país que muere y se hace nostalgia, y otro que nace y se hace esperanza, sin que la muerte signifique resignación de volver a vivir.

Las sociedades no mueren, pero los espíritus sí. El dolor puede llegar a ser tan fuerte que vencidos dejamos de creer. Pero en ese momento, en otro lugar, y sin límites, se han concebido mil actos de bondad, cientos de abrazos. Hay millones de hombres y mujeres creyendo en la esperanza. Hay millones de personas que están soñando en lo posible. – ¿Puede el silencio ser el comienzo del fin o las puertas al entierro? De eso todos somos responsables. Sea quien sea, esté donde esté.

Cuando la valentía muere, el espíritu se encierra deprimido. El egoísmo se hace acto en la incredulidad. La incriminación se hace basura cuando traiciona la solidaridad. El sueño cuando tiene desconfianza se convierte en el lugar donde el alma envejece. Donde los cuerpos caminan sin la mente, y la mente perece en la indignidad. Pero, en el que paradójicamente existe una oportunidad, porque siempre podemos ayudar a construirla.

Podemos tener miedo y sufrir, pero cuando retornamos; podemos convertir al desaliento en fuerza. Depende de cómo nos encontremos, y de quienes nos abracen.  Lo hegemónico de la maldad se hace cuando dejamos de ser país.

Pintemos los pasos y los brazos cruzados. Pintemos las huellas de fe y el camino de la libertad.

Escrito por Jhon A. Romero.-

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