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Miedo y Voluntad

Foto: Archivo Web

«Pasajeros a bordo» son las palabras que escucha el que migra, apenas cuando el asfalto está servido. Allá los espera la nostalgia, y la esperanza. Van semi-descalzos, y con las mentes obnubiladas.

En el cuerpo van los armazones de hambre y ese afán de querer vivir. Eso es todo lo que lleva quien cambia de estatus, entre fronteras, entre llantos, entre montañas; y en solo segundos se pasa de la dicha de tener nación, a pedir bandera.

Venezuela está sobre sus cabezas como quien cuida los pensamientos, como quien protege al recuerdo del olvido. No es solo una gorra.

Venezuela también es ellos; son sus logros, sus huellas, sus errores y sus silencios ensordecedores. Un silencio que es tan nuestro como la ruina que calla, que sufre humillada. La que baja la cabeza a momentos, y la sube a ratos. Cuando oye a su alma; la única que les habla del suspiro aquel en el que serán amigos, serán compadres, serán domingos del día de la madre.

El silencio se pierde y te atrapa; alejándose como nación y se hace más largo el regreso. La tragedia perpetua de la madre que no está en su domingo, del hijo que no está en el abrazo de su madre.

La crisis de la utopía la construyó la mentira, la misma que construyó el miedo, la embriaguez marginal de la dictadura bañada de rojo, y vestida de sangre, en vientres de refugiados. Ser pobre sin esperanza es menos que serlo con garantías de fe.  El silencio que aleja al migrante es el mismo que nos acerca al olvido.

Soledades en conjunto hay en mí país, sintiéndose los vacíos que se acompañan en los horizontes silenciosos. Donde habitan las risas que esconden las gargantas asfixiadas, y los cuerpos a la deriva.

Insisto, porque al insistir construyo el comienzo al final de este camino; donde esperaremos, donde comenzaremos.

Escrito por Jhon A. Romero.-

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