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Volver a la casa

La comunicación social, las humanidades y las Artes crean ciudadanos reflexivos, con buenos propósitos y reivindicativos.

Foto: Archivo Web

En este mi lugar se vuelve larga la espera, siento que la sonrisa no ha llegado, al menos por un rato, por unas horas. Las puertas de este cuarto guardan silencio y el calor es otro. El frío se ha hecho soledad y miedo. Esta oficina envejece con sus equipos, mi cuaderno y su tristeza. En las afueras caen los mangos y los cotoperí, un señor que riega el jardín observa entre su hambre, como se acerca un joven vestido de azul liceo, y piensa que posiblemente ese joven solo volverá para saciar su desgarradora necesidad. Suspira y regresa a su cubículo, muere a ratos de nostalgia.

Cada día somos más los que insistimos en querer cambiar, y menos los que insisten, pero insisten. Como también somos más los que luchamos por un mejor país, y cada día menos los que luchan, pero luchan.

La casa no está tomada porque un hombre ha vuelto caminando veinte cuadras para enseñarle a su hijo que los caminos de la vida no son color de rosas, sino, una vida de laberintos que se necesita explorar con madurez. Se recuesta en la cama para encontrar en su pasión razones de vida, porque ser cabeza de familia es eso, una profunda convicción poética.

La casa no está vacía porque hoy los vecinos son más amigos y luchan juntos por solventar el problema del agua en su sector, y quisieron llorar cuando se dieron abrazos de paz. Hoy el vecindario se llena de amor porque la constancia de luchar por un cambio, se convierten en luces.

Vuelvan a casa porque la sombra sigue teniendo su más peligroso adversario. Puesto que con ustedes dentro de ella; podemos seguir esperanzados. Podemos rehacernos en la certeza absoluta que generan las nuevas preguntas y los nuevos milagros.

Escrito por Jhon A. Romero.-

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