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Ayer

Foto: Archivo Web

Ayer pude escuchar risas, pero sentí tristeza con matices de miedo y bondad. Vi los gestos de preocupación con palabras de aliento. Monólogos internos en los que se planifica la incertidumbre. Observé dedos desgarrados de saturación, descubrí temores y signos de pánico. En el calabozo del presente oí susurrando: ¡huye, huye!.

Entretanto…, estoy sollozos de ausencia y la distancia prorrumpieron el prodigioso recuerdo. Los dibujos de la infancia infinita que torna en la palmada de un amigo, en la proximidad del amor, en la canción melancólica, mientras la calma declamaba: Alguien nombró amistad a una mano sujetando la caída de dos seres que sin ser profesaron hermandad.

Sabes, entre toda esa compleja feria de sensaciones, como quien soporta la furia de un huracán, pude también oír cantos desafinados y desaforados, carcajadas de sueños.  Sátiras de ternura, rencores transformados en miradas de afecto, humor festivo.  Ahí…, en ese pequeño instante, el pensamiento se congeló, y de repente todo fue una burla a la maldad, una bofetada al futuro. Ayer vi los abrazos que hacían denotar lo frágil que puede llegar a ser un obstáculo, lo absurdo de esta sociedad que castiga a hombres y mujeres trabajadores que han dado todo por la prosperidad, y premia al delincuente. El ayer es sonrisa cuando pienso en mis amigos.

Hubo un momento, un episodio, cuando alguien hablo de justicia, todos asentimos en silencio, con pena y frustración. La batalla entre la resignación y la fortaleza se mantenía crónica.  Ayer, quise llorar, pero me convertí en un ciego que solo siente el latir de corazones. Descubrí que juntos somos amor, amistad, solidaridad y fuerza.  Descubrí que juntos somos mejores. Ayer presentí que el mañana en Venezuela será de los amigos; de los buenos amigos.

Escrito por Jhon A. Romero.-

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